Carmen
Sin haberlo vivido es imposible imaginar lo devastador que puede ser recibir el diagnóstico de un trastorno mental en el seno de una familia, tras muchos años de sufrimiento. Nuestra odisea, la de mi marido, tenía un nombre, que también daba mucho miedo por lo desconocido. Gracias a un ángel que se llama Ascensión pasamos de la pura desesperación a sentir que había un modo, una forma de vivir ESTO. Y sobre todo comprendí que no estábamos solos, y eso lo es casi TODO. No tengo palabras para agradecer su apoyo y el de la asociación en todos los sentidos y el que da a todo el que acude a ella.